Víctor Stasyszyn no sólo es un tipo comprometido con el oficio periodístico y super pana, sino que además tiene una historia de vida realmente periodística, digna de ser relatada e incluida en las crónicas locales.
Nativo de Córdoba, Víctor estudió en el Colegio Monserrat, uno de esos legendarios de esta ciudad del corazón de la Argentina. A eso de cumplir los 16 años ya Víctor tenía que hacerse de un oficio, le gustaba darse sus gustos y siempre fue muy independiente. Así fue como un día conversando con su viejo, éste le propuso que tomara un curso de mecanografía y dactilografía. Víctor estuvo un par de años de aquí para allá y se inició en la carrera de derecho. La máquina de escribir le depararía otro destino.
Un día caminando por Maipú, al acercarse a una casa escuchó un tecleteo medio desordenado, se aventuró a entrar y descubrió a un hombre que escribía a dos dedos. Víctor le dijo al hombre que buscaba trabajo, le dijo “se hacer lo mismo que hace usted, pero con todos los dedos” y le mostró su habilidad en mecanografía. El señor que escribía le dijo que leyera lo que había escrito, lo escuchó y se escabuyó a otra sección de la oficina. Estaba probando su voz, no su habilidad en la escritura.
Se encontraba en la estación de Radio Central de Córdoba, casualmente en ese momento estaban en búsqueda de talentos para una radionovela, fue así como se inició en la radio, gracias a una máquina de escribir. Como actor de radio y con apenas 17 años, ya se ganaba 30 pesos al mes. En Radio Central (de las principales del país) hoy conocida como LV2, se dedicaría a la narración de noticias del medio día. Aunque recibía buen lucro como actor, su pasión se inclinaba más hacia el periodismo.
Para finales de los 50 Víctor era un chamo y muy bien conocido por la gente de Córdoba, imagino que su voz retumbaba así como la de Martín Valiente en mi Venezuela natal. El trabajo en la radio era arduo, los cables llegaban desde Buenos Aires y aunque algunos eran leídos directamente desde la ciudad capital, tocaba hacer los avances informativos y sus correspondientes resúmenes a lo largo del día, específicamente los de las ocho, nueve y diez de la noche. Era una época de experimentación en la que no existían los grabadores de cassette y tenían que irse con un perolero a la calle, para así poder registrar algunas de las noticias locales relevantes.
En los 60 llegaba el tiempo de la televisión y Víctor incursionaría entonces en un programa en vivo transmitido por LU1H, el canal 13 (hoy canal 12). Apenas existían dos emisoras de TV en el país: el canal 12 de Córdoba y el canal 7, que se transmitía en Buenos Aires desde 1951. “Córdoba fue pionera en medios” nos explicó Stasyzsyn, quien hizo una breve exposición de la labor de algunos diarios como el Diario los Principios, cuya historia se remonta a 1890.
También nos habló sobre las líneas editoriales de los periódicos. Destacó que una vez que los diarios entendieron su potencialidad empresarial e independencia, fueron capaces de evolucionar y mantenerse independientes de la corona (caso europeo) o del poder de turno (caso EEUU).
Ciertamente que el periodismo gráfico fue lo que capturó la imaginación de Víctor ya maduro y habiendo sido uno de los fundadores de lo que es actualmente la Escuela de Comunicación e Información de la Universidad de Córdoba. Su entrega a la gráfica le llevó a estar más de 30 años con La Voz del Interior, importante medio gráfico cordobés, hoy perteneciente al Grupo Clarín.
Para Víctor es importante que el periodista entienda que tiene un rol social de gran responsabilidad porque “el periodista es la voz de los que no la tienen”. Y nos dio además una lección de ética: “Si el periódico tiene una línea editorial particular que uno acepta está bien, pero la firma jamás puede venderse”.
Hace poco publicó junto a la periodista Yaraví Durán, el libro “Palabra de diario - Testimonio de la prensa gráfica de Córdoba 1960-2009”, un sabroso paseo por las vivencias de redactores, creadores gráficos (en sus versiones de antaño y de hoy día), los tituleros (de la época en que se componía en plomo), la incursión de la mujer en el medio, así como el humor gráfico y las luchas gremiales.

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